RESILIENCIA
La resiliencia, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicología añadimos algo más al concepto de resiliencia: no sólo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas , sino que también podemos salir fortalecidos de ellas.
Existen diversas definiciones del termino resiliencia, estas
dependen de cada autor y su enfoque teórico, la resiliencia sería una capacidad
global de la persona para mantener un funcionamiento efectivo frente a las
adversidades del entorno o para recuperarlo en otras condiciones (Aracena,
Castillo y Román).
Por otra parte la
resiliencia describiría una buena adaptación en las tareas del desarrollo
social de una persona como resultado de la interacción del sujeto con su medio
ambiente. Para Domínguez, (2005), la resiliencia es el proceso de adaptarse
bien ante situaciones adversas o aun ante fuentes significativas como el estrés.
Significa rebotar de las experiencias difíciles. Hay que tomar
en cuenta que la resiliencia no es algo que se adopte o no si no que cada
individuo va desarrollándola de acuerdo a sus necesidades.
El concepto de la
resiliencia o facultad de recuperación implica dos factores la resiliencia
frente a la destrucción, es decir, la capacidad de proteger la vida propia y la
integridad ante las presiones deformantes y la otra es la capacidad para construir
conductas vitales positivas esto pese a las circunstancias difíciles (González
,2005).
LA RESILIENCIA EN LA PSICOLOGÍA SOCIAL
Muchos estudios demuestran que un factor primario para en la resiliencia es tener relaciones que ofrezcan cuidados y apoyo dentro y fuera de la familia. Las relaciones que crean apoyo y confianza, proveen modelaje y ofrecen estímulo y reafirmación además contribuyen a afirmar la resiliencia en una persona (Domínguez , 2005).
Para esclarecer el fenómeno de la resiliencia, los estudiosos han apuntado a las características del ambiente en que se han desarrollado los sujetos resilientes: han tenido corta edad al ocurrir algún evento traumático; han provenido de familias conducidas por padres competentes, integrados en redes sociales de apoyo, que les han brindado relaciones cálidas (Kotliarenco , y Pardo ).
Si nos detenemos a observar la realidad en que viven nuestros jóvenes actualmente podemos ver cómo ciertas condiciones influyen negativamente en su desarrollo: carencia de redes de apoyo social para enfrentar las dificultades, incorporación prematura al empleo, desempeño de trabajos marginales o contractualmente precarios, falta de protección de su salud y derechos laborales, desocupación prolongada, fracaso y abandono escolar, adicción a las drogas y al alcohol etc. Todo esto se traduce en una baja autoestima, ausencia de un proyecto de futuro y dificultad para darle sentido al presente (López , 1996).
Fonagy y colaboradores, señalaron que las personas resilientes presentaron en su infancia los siguientes atributos:
a) Nivel socioeconómico más alto.
b) Ausencia de déficit orgánico.
c) Temperamento fácil.
Como características del medio social inmediato señalan las siguientes:
a) Padres percibidos como competentes.
b) Mejor red informal de apoyo (amigos, familiares, compañeros).
La presencia de relaciones afectuosas es vital para fortalecer la resiliencia a través del ejemplo común como lo dicen las voces “hechos y no palabras”. Las oportunidades de participación son significativas para poder sentirse importante y querido.
La resiliencia es una característica que se puede aprender como producto de una interacción positiva entre el componente personal y ambiental de un individuo (Sánchez, 2003). El vínculo afectivo que se establece en los primeros años de vida es vital para el desarrollo de un individuo capaz y seguro en una entidad.


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